La promesa del futuro no es gratis

Hay un precio que debemos pagar por cualquier recompensa futura.

El futuro exige de nosotros disciplina, trabajo, consistencia y un ardiente deseo de hacer que el futuro sea mejor que el pasado o el presente.

Estos son los precios del progreso; pero, el precio es bajo cuando la promesa es clara.

Cuando el fin es atractivo, empezamos a estar totalmente interesados en los medios para conseguirlo.

Debemos ver y querer la promesa con insaciable deseo, o de lo contrario, el precio requerido será muy alto, y volveremos a caer donde una vez estuvimos.

Si somos sinceros respecto a querer una mejor vida, debemos preguntarnos qué vemos en nuestro futuro, que pueda encender la llama de nuestra confianza y entusiasmo.

¿Qué tanto de ese futuro que vemos y creemos en lo profundo de nuestras almas, queremos lograr?

¿Está suficientemente claro en nuestras mentes y corazones, para sacarnos de la cama en la mañana y mantenernos despiertos hasta tarde en la noche?

¿Estamos tan seguros del objetivo seleccionado, que podemos superar cualquier obstáculo o desilusión?

¿En nuestro deseo de producir un cambio en nosotros, estamos totalmente preparados para enfrentar cualquier desafio que la vida nos presente?

No es posible evolucionar, casualmente, hacia un futuro mejor. No podemos perseguir, casualmente, la meta que nos hayamos fijado.

Futuro

Una meta que perseguimos casualmente no es una meta; en el mejor de los casos es un deseo; y los deseos son un poquito más que una falsa ilusión.

Los deseos son la anestesia usada para la falta de ambición. Un narcótico que adormece la conciencia y su propia, desesperada, condición.

Es posible planificar nuestro futuro tan cuidadosa y claramente, que cuando el plan esté completo, estaremos tan inspirados por él, que se volverá nuestra «magnifica obsesión»

El desafio es dejar que esta obsesion encienda el fuego de nuestro talento y habilidades, hasta el punto que podamos ser impulsados hacia un futuro totalmente nuevo.

En la medida en que seamos serios respecto al diseño de nuestro futuro, inmediatamente obtendremos un beneficio emocional.

¡El futuro es emocionante!. Mientras más claro lo veamos, y más nítidamente sintamos su promesa, más positiva se volverá nuestra actitud para alcanzar los sueños.

Es esta nueva actitud, la que nos dará una renovada ambición por el progreso y la fe, que realmente puede mover montañas.


.Fuente: «Las cinco piezas más importantes del rompecabezas de la vida», de Jim Rohn

 

 

 

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